Permítame dudar

¿Ajusticiar?

Tanta gente dispuesta a sacrificarse por el mundo: la horca, el pelotón de fusilamiento, la silla eléctrica, el gas letal o la inyección, la cadena perpetua, los paramilitares, los disparos legales. Jueces, policías, militares, científicos, periodistas y civiles opinadores, dispuestos a ser verdugos de buen corazón.

El sacerdote que le da al condenado la última oportunidad de hablar. ¿Qué habrán dicho los condenados en la primera oportunidad? Antes de la primera golpiza, frente al escritorio del director, ante la ventanilla del banco o frente al televisor. ¿Habrán enmudecido en su grito de justicia? De la justicia cotidiana de la comida, de ponerle nombre a las emociones y entender el dolor, del subestimado derecho a tener una vocación, de la justicia barata de los más simples gestos del amor.

Lo demás es historia. Se suman las desventuras y las desgracias, la gente que se fue al monte buscando lo que no ha tenido, los muertos que se suceden uno tras otro, los pobres y los desesperados, los que crecen alimentando su propia bola de odio, los que vieron en su vida menos libros que balas. Y después de todo eso la justicia se reduce a un tiro de gracia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s